Sabidurencia
En el foraco por el que suelo pasear hay un hilo de citas que de cuando en vez sigue activo.
Siempre me han llamado la atención las citas, esas frases imponentes que resumen lo que alguna vez hemos pensado, o bien desconciertan por la brillantez o la originalidad.
Pero desde hace ya un tiempo, cada vez soporto menos ese tipo de cosas.
No hay estado de ánimo, o de cuerpo (dolor de barriga, p.e.) que no tenga su cita o frase demoledora.
Me resulta casi irritante cuando en plena conversación dice el memorión de turno (hace falta un buen archivo para tanta sabidurencia): como decía...
Es escuchar eso y darme ganas de salir corriendo.
Creo que pasa con estas sabidurencias como con los libros de auto ayuda. Sirve todo para un roto y un descosido y como el adicto sea algo hipocondríaco la tontería neurasténica está asegurada.
Supongo yo que cuando los sabios de turno soltaron esas máximas que ahora se pueden pillar por Internet clasificadas y todo, estaban tan tranquilos merendando o de charleta con el rata que apuntó la gracia, y probablemente a más de uno le haría maldita la idem pasar a las eternidades por un lema con el que igual a los cinco segundos ya no estaban en sintonía.
Con esto de los blogos el uso de frases o poemas definitivos ha llegado a un grado de saturación tal que a los hostiles a lo definido (como moi) nos resulta empalagoso por no decir insoportable.
Estaba hace un momento leyendo tan tranquila un blogo sobre antropología, cuando sin aviso van y me incrustan en la retina un poema de Lao-Tse.
Aún no me he repuesto.
Años superando las memeces literarias, lustros reponiéndome de la ingesta de Salinas, para que ahora me tengan que dar estos temblores con el abrase de los coñe chinos que tienen sabidurencia para todo.
Prefiero años luz a Txomin del Regato, inventor del palabro sabidurencia, que lo mismo te aconsejaba por la radio sobre como buscar novia que sobre como tirarse un buen pedo en una comida de bodas.







