23 mayo 2009

Sabidurencia

Dos sabios conversando / Harmennsz van Rijn Rembrandt


En el foraco por el que suelo pasear hay un hilo de citas que de cuando en vez sigue activo.
Siempre me han llamado la atención las citas, esas frases imponentes que resumen lo que alguna vez hemos pensado, o bien desconciertan por la brillantez o la originalidad.

Pero desde hace ya un tiempo, cada vez soporto menos ese tipo de cosas.
No hay estado de ánimo, o de cuerpo (dolor de barriga, p.e.) que no tenga su cita o frase demoledora.
Me resulta casi irritante cuando en plena conversación dice el memorión de turno (hace falta un buen archivo para tanta sabidurencia): como decía...
Es escuchar eso y darme ganas de salir corriendo.
Creo que pasa con estas sabidurencias como con los libros de auto ayuda. Sirve todo para un roto y un descosido y como el adicto sea algo hipocondríaco la tontería neurasténica está asegurada.

Supongo yo que cuando los sabios de turno soltaron esas máximas que ahora se pueden pillar por Internet clasificadas y todo, estaban tan tranquilos merendando o de charleta con el rata que apuntó la gracia, y probablemente a más de uno le haría maldita la idem pasar a las eternidades por un lema con el que igual a los cinco segundos ya no estaban en sintonía.

Con esto de los blogos el uso de frases o poemas definitivos ha llegado a un grado de saturación tal que a los hostiles a lo definido (como moi) nos resulta empalagoso por no decir insoportable.
Estaba hace un momento leyendo tan tranquila un blogo sobre antropología, cuando sin aviso van y me incrustan en la retina un poema de Lao-Tse.

Aún no me he repuesto.

Años superando las memeces literarias, lustros reponiéndome de la ingesta de Salinas, para que ahora me tengan que dar estos temblores con el abrase de los coñe chinos que tienen sabidurencia para todo.

Prefiero años luz a Txomin del Regato, inventor del palabro sabidurencia, que lo mismo te aconsejaba por la radio sobre como buscar novia que sobre como tirarse un buen pedo en una comida de bodas.

18 mayo 2009

Duda dudosa...

Profile Airflow / Claes Oldenburg


Estoy frita.
Nunca me había pasado algo igual, así que apenas tengo sesera para pensar en nada más.

Dudo entre un Audi A6 y un Volvo S40.

El Volvo es 2000 eurípides más barato, el Audi es automático...mi placer favo más grande después del comer nécoras.

Cuando me decida y pueda pensar en algo más tengo que hacer una entrada sobre como ser feliciana y vivir mejor en el intento o algo similar que implique mucho sentimiento...

Ya veremos...

11 mayo 2009

Propósito

Los ociosos / Jan Havicksz Steen



Necesito ponerme a dieta.
No va de cosa estética, que tampoco me importaría porque siempre viene bien, va de necesidad física.
Llevo casi un par de semanas que entre una cosa u otra no paro de comer o cenar fuera.
Ora reunión, ora cita amistoide, ora cenorra de concierto, ora lunch, ora vino español o lo que sea, el caso es que no cesa la ingesta.
Ahora mismo acabo de llegar de otra y estoy que reboso.
Menos mal que me quedaba Kas de naranja en la nevera...

Salvo el miércoles, la duda está en si el Anna será rosado or not, que haré un lapsus lúdico necesario para mi espíritu por recomendación facultativa, osea yo, desde mañana me pongo a yogur y verduricas.
Cosas cocidas, hervidas, o crudas. Nada de aceites, grasorras o salsorras. Limpieza general.

Por lo demás todo muy divertido.
Con una salvedad, los pedorros del coche, que sigue calándose y andando igual de mal.

Y una recomendación, un libro: El Ocio en la Roma antigua, de Santiago Segura y Manuel Cuenca.

Cuando empecé Filo, Don Santiago Segura era mi profesor de Latín. Nos hacía traducir sin diccionario y claro en primero todos iban pinchando, menos yo y el resto de los loracos de mi colegio. Habíamos estudiado Latín con el método Segura, es decir, el libro de Don Santiago que era materia ya en la mayoría de los institutos.
Ha sido un placer verle de nuevo y, a la sazón, cenar con él.
Recomiendo encarecidamente el libro que acaban de publicar porque es una verdadera delicia para todos los sentidos.

Y ahora voy a ver si me concentro en respirar y hacer la digestión...

15 abril 2009

Viaje de invierno



No siempre puedo escucharlo. Tengo que tener un estado suficientemente fuerte, estable, para poder hacerlo.
Nunca lo cantaré, está claro. No porque sea para voz de hombre, que así es, suena de otra forma, además de que los textos hablan a ratos de su amada. No. No podría con ello.
Es, creo, uno de los ciclos psicológicamente más duros de llevar.
Es una introspección tal, un análisis tan desolador del individuo que no es fácil de afrontar.

El autor, el compositor en este caso, ya que ordena y elige los textos de Müller como él desea, recorre los fríos senderos de la absoluta soledad del hombre canción a canción.
El motivo que nos da es un desamor, un fracaso sentimental que conduce al poeta, al cantante, por caminos, pueblos desolados, vacíos, en un frío invierno vital.
Comienza con una despedida que presagia tal vez ¿un suicidio?
Camina.
Nadie sale al encuentro, a nadie ve, salvo una comadreja, unos perros...

En el último lied se encuentra con un organillero. Un personaje desastrado, abandonado por todos, sin monedas en su plato, ladrado por los perros...

La última estrofa de lied es esclarecedora. Un lied estrófico, repetitivo como el tema del organillo que toca el piano, hasta que le pregunta al organillero ¿pondrás tú música a mi canción?

No hay respuesta. Y esa es la respuesta: soledad.

La absoluta y perpetua soledad del hombre.

Y seguir vivo...