Soledad
Soledad / Salvador DaliApenas puedo ver la tele. O mejor dicho, casi no soporto la televisión.
Así que me dedico a ver series o películas cuando tengo tiempo.
La otra tarde mientras me tomaba un café y hacía tiempo para volver a macharme a lo de las clases de la uni, encendí el omnipresente cacharro y compareció una especie de reportaje que hacían en la ETB sobre la carestía de los pisos.
Entrevistados por una señorita salían de vez en cuando algunos que intentaban vender su propiedad, e incluso una mujer inquietante que quería un inquilino.
Pero lo que me llamó la atención fueron las intervenciones intercaladas de una señora madura que vendía una casa de campo con su anexo para hacer turismo rural.
La casa era enorme, con verdadero lujo. No lujo de elementos caros, que los tenía, sino del lujo de vivir bien.
Los detalles, la distribución, la forma de las habitaciones, todo en fin era el reflejo de alguien que sabía lo que era bueno y quería tenerlo.
Ella iba abriendo habitaciones, armarios, estancias en las que había dejado su existencia durante más de treinta años, e iba mostrando las cualidades del producto. Las enunciaba con cuidado, con palabras precisas, con aparente tranquilidad, pero el tono de la voz era el de alguien que de un momento a otro va a romper a llorar.
Seguí viendo, escuchando atenta, hasta que deduje que no, que no iba a llorar porque ya lo había llorado todo.
Era el sonido que se le había quedado para siempre, un tono quejumbroso, algo quebrado, descendente siempre.
Fueron intercalando otras ofertas, otras vidas, y ya al final volvió a aparecer aquel paisaje idílico, aquella casa preciosa y la figura de la elegante mujer al fondo.
Su voz quebradiza contaba como era un lugar estupendo para vivir, donde se habían criado sus hijos, y que la posibilidad del negocio lo hacía, si cabe, más atractivo.
La entrevistadora, supongo que con la misma malsana curiosidad que yo tenía, le preguntó la razón de venderla, y ella perdiendo la vista contestó "Ha habido una separación y ahora ya no me puedo ocupar de la casa, tengo que pensar en mi".
A los cincuenta y muchos iba a pensar en ella.
Nunca es tarde, verdaderamente, pero supongo que le va a costar trabajo.
Lo digo por experiencia.
Es bueno recordar el Diccionario del diablo de Bierce en estos casos.
Egoísta, s. Persona de mal gusto, que se interesa más en sí mismo que en mí.
Egoísta, adj. Sin consideración por el egoísmo de los demás.







